El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 10 de abril del 2009.

Teatro del oprimido

Por José Ramón Enríquez

Para escribir el mensaje del Día Mundial del Teatro que los teatreros hemos decidido hacer nuestro, se elige a una personalidad indiscutible. Este año ha sido Augusto Boal. Y el 27 de marzo pasado miles hemos leído las cuartillas que un artista y luchador como él nos ha dirigido para que nosotros las llevemos al mundo.

Dada la cercanía con la Semana Santa, el mensaje de este año me ha traído resonancias de Pregón Pascual:

"Vemos a opresores y oprimidos en todas las sociedades, etnias, géneros, clases y castas, vemos el mundo injusto y cruel. Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida."

El mensaje de Boal, con la visión de calvario de un Siglo 21 con más razón para el miedo que para la esperanza, exige transformar el mundo como íntima razón del teatro.

Hoy, viernes santo, el grito de los oprimidos es el que más se escucha en México, porque, como Coetzee lo afirma de Sudáfrica en su magistral Diario de un mal año, "la generación de blancos a que pertenezco, la generación siguiente y tal vez la que viene después se encorvarán bajo la vergüenza de los delitos que se cometieron en su nombre".

Aquí, las diversas comunidades indígenas son los más oprimidos entre los oprimidos. Y muchas veces pretextando "su bien", con la voluntad de "convertirlos" a las verdades, ya sea de la fe cristiana renacentista y barroca, ya de la ciencia ilustrada o de la modernidad nacionalista revolucionaria.

Los ilustrados de nuestra Reforma decimonónica no se acercaron al mundo indígena de una forma esencialmente diferente a la de los evangelizadores renacentistas o barrocos. Como tampoco lo hicieron los programas del Instituto Nacional Indigenista. Todos trataban de "convertirlos". No intento afirmar que el concepto ilustrado de integración fuera conscientemente racista, pero sí que se oponía a un auténtico mestizaje.

Claro que había razones legítimas (como las hay todavía) para superar cuanto niega avances democráticos en derechos fundamentales de la mujer u otros usos y costumbres que van contra las libertades individuales o, inclusive, se alejan de los avances científicos que pueden ser aprovechados.
Pero convencer, o aun legislar, no es convertir. "Convertir" supone que se olviden culturas, lenguas o historias de antiguas naciones, para constituir una nueva Nación. Siendo que la aceptación de las otredades es lo que construye una Nación, tan grande cuanto plural y, en esa medida, fuerte. Una nación de verdad mestiza.

No podemos olvidar como gente de teatro, en la lucha por transformar, que ofrecer teatro a las comunidades de otra manera es repetir experiencias de un teatro del opresor.

El mestizaje supone un encuentro entre iguales, no una conversión ni una violación. Un encuentro transformador para unos y otros. Y es fundamental que unos guardemos silencio para que los otros se escuchen, no como vendedoras de mercado (verduleras, diría el antiguo ombudsman) ni figuras de burla en chistes o revistas musicales, sino desde ellos mismos y aun en sus propias lenguas.

Por ello resulta tan importante el trabajo de teatreros como Galo Esquer que va del CUT a convivir con los seris de Sonora, con el apoyo de la incansable promotora de la cultura de su estado Alba Gloria Galindo, y nos entrega su bitácora: Historias en el filo del mapa.
Y resulta tan importante también que, en Yucatán, Juan de la Rosa mantenga anualmente el Festival de Teatro de Municipios. En 2009 con al menos trece grupos, cuatro de lengua maya, y dos de ellos infantiles.

El grupo en maya que encabeza la maestra María Luisa Góngora montó Felipa Pot, que recupera a una figura de la Guerra de Castas. Los niños de Tsuncancab montaron El mejor amigo, y los de Xcanxook, El juicio del taco. Socorro Loeza, actriz, directora e investigadora montó, con su grupo de Tecoh Una vez mi abuelo me contó.

Voces todas que, en su lengua, a pesar del calvario del Siglo 21, dan la razón a Boal: "otro mundo es posible".

 

panicoes@hotmail.com

 

Regresar a menú principal de "Pánico escénico"

Te invitamos a que nos hagas llegar tus sugerencias a la cuenta de correo: contacto@teatroymas.com.mx