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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el viernes 27 de agosto de 2010.

El teatro yucateco

Por José Ramón Enríquez

Aunque un personaje de gran calado como el del Cholo permanecerá siempre en el imaginario colectivo yucateco, la muerte de don Héctor Herrera ha conmovido no sólo a la Península sino a gran parte del país, porque, de una u otra forma, la dinastía de los Herrera supo recorrerlo de norte a sur. Don Héctor, el Cholo, fue tal vez su último eslabón, pero a Daniel, el Chino, también se le recuerda con cariño y el testimonio de sus múltiples incursiones cinematográficas queda para la historia.

Nacido en 1934, Héctor Herrera llenó seis décadas de un teatro regional al que imprimió su propio estilo. En torno a su reciente fallecimiento están en el aire preguntas como quién “se alzará con la monarquía cómica” en lugar suyo, o si aún es posible o deseable que alguna figura ocupe un lugar de privilegio como el suyo en los escenarios peninsulares. El tema rebasa la coyuntura porque obliga a replantearse el concepto mismo de “teatro regional” en Yucatán y en consecuencia la historia de lo que ha sido la escena en esta región de la República.

Al respecto, en la Biblioteca Básica de Yucatán, que viene publicando la Secretaría de Educación del Estado, apareció a principios de este año el volumen titulado El teatro en Yucatán, que recoge tres espléndidos ensayos dirigidos a un público amplio. Se trata de “El teatro y la danza entre los antiguos mayas” de Alfredo Barrera Vásquez, “El teatro regional en Yucatán” de Alejandro Cervera Andrade e “Historia del teatro y de la literatura dramática” en Yucatán de Leopoldo Peniche Vallado.

Para quienes nos venimos acercando maravillados a un hecho cultural tan vivo y actuante como es el pueblo maya, el texto del maestro Barrera Vásquez resulta enriquecedor a pesar de su brevedad.

A la imagen que ya conocíamos por Landa de “Que los indios tienen recreaciones muy donosas y principalmente farsantes que representan con mucho donaire”, el maestro Barrera añadió el descubrimiento, en 1942, de los Cantares de Dzitbalché. Nueve hojitas con quince cantares y una portada en la que se lee: El libro de las danzas de los Hombres Antiguos, que era costumbre hacer acá en los pueblos cuando aún no llegaban los blancos. Los cantares van de los temas religiosos a los civiles, con lo que dejan claro que el teatro y las danzas mayas, con su música de caracol y de tunkul, no eran sólo fársicos ni exclusivamente litúrgicos.

Del prólogo de Ermilo Abreu Gómez, en 1947, al texto de Cervera Andrade, vale la pena rescatar estas palabras para el centenario revolucionario: “Fue el sacudimiento social que recibimos en la primera década del siglo lo que determinó la aparición y la maduración coherente de este teatro.  Rota una serie de prejuicios de casta, avivados los estímulos expresivos del hombre, confundidas las voces humildes con las voces cultas, se hizo posible que el teatro regional subiera a los tablados de barrio, de aldea y de ciudad.”

Al final de su prólogo don Ermilo confiesa que el texto de Cervera Andrade “ha removido los recuerdos más íntimos –ya lejanos— de mi vida literaria y amorosa. El teatro regional yucateco implica la iniciación de mi carrera literaria y la realización de un amor sagrado que hoy guarda el cielo”.

Por último, pero no por ello el menos importante, el texto de don Leopoldo Peniche Vallado, que forma parte de la Enciclopedia Yucatanense, constituye no sólo una sabia visión de conjunto sino un programa para la dramaturgia futura, a la cual exige “un producto lleno de vida estética e histórica, de vigorosa sinceridad”.

 

 

panicoes@hotmail.com

 

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