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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 18 de diciembre del 2009.

Teatro del exilio español

Por José Ramón Enríquez

Setenta años después de iniciado, el exilio español republicano es indiscutiblemente un hecho vivo tanto para sus protagonistas como para sus herederos, y también continúa sangrando para quienes buscan borrarlo de la memoria y sólo consiguen, como Macbeth, encontrarse una y otra vez con la cabeza cercenada del inocente.

Los estudiosos reconstruyen cada vez a mayor profundidad la barbarie fascista y, aunque es verdad que muchos jóvenes no quieren saber de ningún jirón de historia, también lo es que muchos otros se identifican con el dolor de quienes cruzaron fronteras para ser internados en campos de concentración vergonzosamente inhumanos, aunque fuesen administrados por franceses, como bien demostró José María Naharro en su conferencia Entre la retirada y la alambrada: escritura y mirada, en el “Congreso Sobre el Exilio Literario de 1939, 70 Años Después”, organizado por la Universidad de la Rioja bajo la espléndida coordinación de María Teresa González de Garay.

La identificación con las víctimas y el rechazo de los victimarios, precisamente en estos momentos de una historia mundial que parece retroceder contra toda razón y en todos los ámbitos, es una forma de resistencia que debe multiplicarse, y por eso el hecho de que este año tanto en España como en otros países de refugio se haya venido recordando lo ocurrido hace 70 resulta tan importante.

Con el “Congreso Sobre el Exilio Republicano de 1939 y la Segunda Generación”. organizado por el Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) que conduce el infatigable Manuel Aznar en la Universitat Autònoma de Barcelona, concluirá el año de conmemoraciones, precisamente en Collioure, poblado de la frontera de Francia con España en el cual se refugió Antonio Machado, poeta puro, para morir mirando hacia su patria.

Una obra de Marco Canale, dirigida por Ginés Sánchez, cerrará un Congreso en el cual se ha hablado mucho del teatro de los refugiados. Se escuchó el testimonio entrañable de Angel Gutiérrez, un niño de la guerra en la entonces URSS, que peleó contra los nazis como quien jugaba en el Cerco de Leningrado, estudio dirección escénica con discípulos directos de Chejov y Stanislavski, y actuó dirigido por su amigo Andrei Tarkovski en El espejo.

El análisis de un dramaturgo para mí desconocido como José Martín Elizondo, refugiado en Francia y recientemente fallecido, llevó a la puesta en escena de su obra Juana creó la noche montada por el grupo “Teatro sin Fronteras” con María-José Ereseo y Charles Grimat. A él se refirieron Madeleine Poujol, Verónica Azcue, María José Ragué y José Angel Ascunce.

Nadia Bouzekri analizó el teatro del exilio en Argelia y Jorge Domingo Cuadriello la presencia en Cuba de Francisco Martínez Allende. José Paulino Ayuso se refirió a la obra de Tomás Segovia Zamora bajo los astros; Helena Buffery al teatro de Maruxa Vilalta y Bruce Swansey al autor refugiado nacido mexicano que firma estas notas.

Nigel Dennis abrió el interesantísimo panorama del grupo “La Paloma Azul” conformado por José Bergamín, Rodolfo Halffter, Antonio Ruiz “El Corcito”, Ana Sokoloff y Ana Mérida que con el ballet Don Lindo de Almería participó en la renovación de la danza mexicana.

Ya en Logroño, Juan Aguilera e Isabel Lizarraga habían analizado el teatro de María Martínez Sierra (tema que merece un tratamiento especial), Enrique de Rivas había hablado de la presencia en México de Cipriano de Rivas Cherif (en mi opinión muy poca justicia se hizo a su figura y a su experiencia), así como Diego Santos Sánchez de Exilio y censura: el teatro de Rafael Alberti. En ambos congresos, se contó con la presencia de Aitana Alberti León, hija del poeta y de María Luisa León a quien también se rindió homenaje en su tierra riojana.

Este estimulante y documentado recorrido por una actividad teatral que enriqueció al mundo fue realizado por académicos y protagonistas de Italia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, España, México, Irlanda y Cuba. Y, sin embargo, cabe decir que del teatro del exilio aún queda mucho por aprender y mucho por recuperar.

 

panicoes@hotmail.com

 

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