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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 31 de diciembre de 2010.

Sodomía en España

Por José Ramón Enríquez

Luis Felipe Fabre ha escrito un poema que es, a la vez, un Auto Sacramental, que es también la crónica de un Auto de Fe y la elevación a los altares del cuerpo glorioso de Juan de la Vega “un mulato afeminado / al que llaman Cotita que es lo mismo que mariquita ... / Cotita de la Encarnación... / Cotita. / Encarnación del vicio: el principal actor / de aqueste teatro que es un libro: muy en su papel de puto...”

Desde Juan Carlos Bautista, sus abrevaderos para los caballos y luego sus Lenguas en erección, ningún poema me había significado tanto como éste. Estoy hablando de un poeta muy joven que, para mí, es ya un poeta mayor de nuestra lengua. Digo que lo es para mí porque en gustos se rompen géneros y como Fabre está devotamente dedicado a romper los géneros quién sabe si lo sea para todos. Pero al menos comparto la apreciación con los espectadores de Canal 22 que, informa la editorial española Pre-Textos (que lo publica), “han escogido en una encuesta el libro La sodomía en la Nueva España de Luis Felipe Fabre como la mejor manifestación artística de 2010” en poesía.

Luis Felipe Fabre es un poeta altamente peligroso. Había una ley franquista contra la cual nos batimos incluso los que éramos extranjeros en España: la de peligrosidad social. No era como la de disolución social que nos inventaron a los mexicanos, porque esta tenía un contenido directamente político y hablaba de compló comunista internacional y traición a la patria, mientras que aquélla hablaba de ruptura de géneros y de ataques al orden moral cósmicamente resuelto por
el dios de los fascistas, siempre con el dedo flamígero y nervioso.

A Luis Felipe Fabre le vendría bien tal ley de peligrosidad social. Sobre todo por andarse metiendo con la sodomía en la Nueva España y componer un poema que, como buen Auto Sacramental, parte de una historia recogida en las comisarías. Transgrede la preceptiva al tiempo que la moral y las buenas costumbres. Luis Felipe Fabre lo confiesa: transgrede porque es un transgénero poético. ¿Lo será porque, como él mismo afirma “la poesía cada día me parece más imposible y sólo puedo adorarla a través de lo que ‘no es’ en una suerte de vía negativa?” Sí, Fabre es un lector de San Juan de la Cruz y, como él, también nos ofrece villancicos.

Transgénero poético, ya escribió su Autobiografía travesti en su Vida como Dorothy en Letras Libres de septiembre del 2009.  Autobiografía más precoz que aquella del soviético Evtuchenko que nos entusiasmara, ya no me acuerdo bien por qué, en los años 60. La del mexicano Fabre me hizo reír hasta las carcajadas y me llevó a admirarlo en cada línea más, hasta la más verde de las envidias como pobre soñador de esperpentos.

No me he reído, sin embargo, con La sodomía en la Nueva España. Es un poema que irrita, que eleva hasta la contemplación beatífica y quema, tanto como achicharraban los inquisidores a quienes cometían el pecado nefando. Sí, a Cotita de la Encarnación. Dice el poema que “Dice / el Alcalde: Cáncer tan cundido. / Dice: El pecado nefando. Dice: El pecado / nefando tiene muy contaminada estas provincias... / Dice. / Que los jueces. Dice: Se desvelen en el castigo. Dice extirpación. Dice: Achaque. Dice:”

La de Fabre es una voz que maneja el lenguaje de tal forma que exige todo de la poesía, no da tregua. El suyo es el ritmo de un fuego como el de su niño de “Belén de la repisa: pastoras, de prisa: al Niño fuego prendamos.” Lo suyo es parir con dolor poemas como La sodomía en la Nueva España que abren una nueva página para mi propia y personal concepción de la poesía.

Gran regalo de Navidad me ha dado su lectura. Y feliz 2011 a quien lo lea.

panicoes@hotmail.com

 

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