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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 15 de enero del 2010.

Inicios de una década

Por José Ramón Enríquez

Aunque el 10 sea último número de la decena, para nuestros arreglos cronológicos domésticos solemos verlo como primero de la siguiente. Al 2000 se le consideró primer año del segundo milenio en lugar de año final del Siglo 20 y la fiesta correspondiente abarcó el orbe. Así, en estos primeros días de enero del 2010 nos sentimos en los inicios de una nueva década. Cuestión menos científica que supersticiosa pero que a fin de cuentas ayuda a revisar lo pasado y a proponer lo futuro.

Vale recordar, por ejemplo, que en el inicio de la década de los 90, el 5 de enero de hace 20 años, murió uno de los dramaturgos que de manera más clara han simbolizado una nueva era de nuestro teatro. Una era por la que aún seguimos transitando. Oscar Liera sigue hablando a los jóvenes teatreros de hoy tanto en sus textos como en su concepción del teatro comunitario. Su nombre es sinónimo del compromiso vital y de la mirada limpia que se exigían los jóvenes libertarios de los 60.  

También en enero de hace 50 años se estrellaba contra un árbol Camus el Justo. Una muerte trágica para quien no ha dejado de ser hasta hoy El hombre rebelde y El extranjero. En un artículo reciente, Christopher Domínguez subrayaba que con su muerte Albert Camus inauguraba precisamente la década de los 60.

Tras el coche contra un árbol de Camus y el camión psicodélico de los Merry Pranksters, con el Aullido de Ginsberg aún fresco en la memoria, la posguerra se convirtió en Guerra Fría y el mundo entero se preparó a cambiar. Inclusive México recibió en gira a Bill Haley y sus Cometas en ese mismo 1960 y bailó tímidamente, al antiguo modo nacional de morderse el rebozo, Rock around the clock.

Enero de 1960. Hacía un año de que Fidel, limpio aún de toda culpa, entrara a La Habana con Camilo Cienfuegos y enarbolando muchos sueños vírgenes. Hacía un año de que un Papa bueno, Juan XXIII, convocara el Concilio Vaticano II para abrir las puertas y ventanas de una Iglesia llamada a compartir la Buena Noticia y no a frenar los signos de los tiempos.

Muchos, en nuestra microhistoria, reconstruimos ese enero del 60 si no como el inicio de la Era de Acuario, sí como el arranque de algo que se antojaba ya indestructible.

Pero los años 10 de este primer siglo de un Segundo Milenio se muestran con tonalidades distintas por completo. Se parecen más a los de hace cien años que a los 60. No creo que la historia se repita ni que una explosión revolucionaria cumpla el trágico sino bicentenario de nuestro país. Tampoco que ya se anuncie una Guerra brutal como la del 14. Pero sí creo que remamos hacia atrás y nos olvidamos de nuestra propia historia. Tal vez los profetas del Fin de la Historia a lo que se referían era a la amnesia como forma de vida.

Hoy, algo mucho más complejo que la Guerra de Argelia se produce entre el mundo árabe y no sólo Francia sino entero el llamado Occidente. Hay fuegos que los líderes intentan apagar con gasolina. Hoy, la jerarquía de la Iglesia calumnia y excomulga, en lugar de siquiera escuchar y comprender acaso. No habrá Guerra del 14 ni nueva Revolución Mexicana pero los signos de los tiempos son oscuros y ominosos.

Pero hay también noticias que alegran el corazón. Ha sido liberado, en Yucatán, Don Ricardo Ucán, indígena maya preso, injustamente todas luces, durante 10 años y sentenciado a 22. El Equipo Indignación, que llevara su caso hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, consiguió la liberación pero no la aceptación por parte de ningún orden del Estado de que algo no estuvo correcto en el juicio. Ejecutivo, Legislativo y Judicial de todos los partidos o fueron cómplices o se desentendieron de algo tan poco importante como la vida de un indígena justo.

Ni hablar de la jerarquía eclesiástica, ocupada en lanzar anatemas y propiciar linchamientos. Aunque Raúl Lugo (sacerdote, miembro por tanto de la jerarquía) formó parte de la defensa de Don Ricardo Ucán, y dio testimonio de que el pueblo de Dios es el Cuerpo de Cristo, a pesar de que la mezquindad en el poder lo niegue mucho más de tres veces.   

 

panicoes@hotmail.com

 

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