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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 1 de enero del 2010.

Bodas gay y Genet

Por José Ramón Enríquez

Un viaje de trabajo, pero también de encuentros y reencuentros entrañables, me ha traído de Logroño a Barcelona y a la tumba de Machado en Colliure, lugar simbólico para el exilio. Más que nunca me he entendido tanto mexicano como heredero de una guerra y de un exilio que me hacen ciudadano de una nación extraña, la de los refugiados.

La patria que se deja por propia voluntad define al emigrado, la patria de la que se le expulsa violentamente define al exiliado y la patria de acogida define al refugiado, tanto al que llega como al que en ella nace. En México, España me define como refugiado, mientras que México me define como plenamente mexicano.

Pero me debo a la nación dolorosa de quienes hoy van por el mundo sin la suerte que yo tuve de nacer en México. Son mis hermanos quienes sufren vejaciones en la Europa xenófoba, o dejan sus pueblos en Centro y Sudamérica o en Africa o en Asia, o quienes de cualquier modo son privados de sus derechos inalienables en la que parece una edad negra de la historia.

Hermano de todos los exilios y de todas las naciones de refugiados fue también Jean Genet y, con él, quien se ha llamado a sí mismo Juan sin tierra, después de ofrecer sus Señas de identidad y reivindicar al conde Don Julián, en tres novelas monumentales que reunió como Tríptico del mal. Me refiero a Juan Goytisolo, refugiado en Marruecos.

Mi estancia en Barcelona me ha dado momentos de soledad suficiente para cumplirme el gusto de leer, en el corazón del Raval, un libro más de Juan Goytisolo, precisamente Genet en el Raval.

El Raval es el corazón del Barrio Chino barcelonés. En él vivió en su primera juventud Genet y aprendió su oficio de ladronzuelo y prostituto de quienes ahí pululaban, como hasta hoy. Lo demuestra una foto que me he tomado frente a un piso que clama en catalán: Volem un barrie digne!!, lo cual no creo que necesite traducción.

Por estas callejuelas se perdía el autor del Diario del ladrón, y a ellas se refiere Goytisolo en uno de los ensayos que componen su libro. Un libro que define a Genet como uno más entre todos los expulsados de cualquier tierra.

Mientras lo leo pienso en la reciente definición legal en la Ciudad de México del matrimonio como la unión de dos personas, independientemente de su sexo, y en la negativa final de la Asamblea del D. F. a despojar de su derecho constitucional a la adopción a un ciudadano por unirse en matrimonio con alguien de su propio sexo.

Legalización y negativa al despojo que han provocado expresiones desorbitadas de las varias derechas realmente existentes, a la cabeza de las cuales se ha puesto, obviamente, el Cardenal Arzobispo, quien sigue las instrucciones del Papa Ratzinger y la pésima lectura que hizo Monseñor Lozano Barragán de una cita de San Pablo (1 Corintios) en la que nos niega la entrada al Cielo a los homosexuales, así como también a los lujuriosos, los idólatras, los adúlteros, los afeminados, los ladrones, los avaros, los borrachos, los calumniadores y los salteadores. Aunque bien se han guardado los monseñores de la enumeración completa, porque no habría quien tirara la primera piedra, ni aun entre ellos mismos.

Todo esto, estoy cierto, haría carcajearse a Jean Genet. En realidad todo es tema y personajes de El Balcón, esa genial obra de teatro a la cual pensó en titular España, precisamente por sus recuerdos del Raval.

Pienso, en un primer momento, sentado en la Rambla de este barrio, que víctimas de sus carcajadas también serían los homosexuales que desearan “dignificar” su condición con una boda legal que los volviera presentables para los vecinos que así quieren limpiar su hábitat. Insisto: ¿para qué, si Dios nos concedió la alta vocación del ser marginal, elegir ahora una boda de pequeña burguesía?

Una cita de Genet en el libro de Goytisolo me responde: “La patria sólo puede ser un ideal para aquellos que no la tienen, como los fedayín palestinos (…) y el día que la tengan (…) habrán conquistado el derecho de arrojarla a la taza del retrete y tirar, como yo, de la cadena”.

Es verdad y por eso debemos festejar esta victoria.

 

panicoes@hotmail.com

 

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