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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 11 de febrero de 2011.

Menos balas y más teatro

Por José Ramón Enríquez

Difícilmente podría hacerse peor algo que, en principio, debía resultar tan claro: la prohibición produce asesinatos (con la violencia creciente que rodea a los crímenes), y fortunas ilegales (con la corrupción que rodea este otro tipo de crímenes). Pero todo, al paso del tiempo, se ha vuelto extremadamente complicado. Lo suficiente como para tener en jaque a una sociedad que no se merece la violencia que sufre y a un gobierno rebasado, sordo y envuelto en su monólogo.

Que el tequila no esté prohibido permite a los productores de agave azul enorgullecer a México. Pero los productores nacionales de marihuana se juegan la vida, son vistos como malos mexicanos y son presa de los carteles. Sería al contrario si estuviéramos en el Chicago de la prohibición o en los permisivos principios del siglo pasado.

Desde luego, el primer paso es una legalización de la marihuana que empiece a romper otras prohibiciones y a tratar al ciudadano como lo que es, mayor de edad. Para ello son necesarios consensos nacionales y extranjeros, sin temor a intereses económicos que rebasan por mucho la imaginación más fantasiosa.

Los partidos y los tres poderes republicanos deberían estar impulsando al menos el debate social. Al contrario, se cierran en sus mezquindades, mientras tanto, vemos a un gobierno que da palos de ciego, quema los cartuchos de sus instituciones, tiende a censurar hasta mostrarse desesperado.

Hay otro paso fundamental: la inversión en educación y cultura. Si la UNESCO pide el 1% del PIB para cultura, nuestro Estado (poderes ejecutivo y legislativo) destina el 0.07%, según datos de Érika Bucio de Reforma. Ésta, no sólo es una visión poco patriota y por ende suicida a mediano plazo, sino un mal negocio en lo inmediato, porque, según los mismos datos, los trabajadores de la cultura ingresamos el 5.7% del PIB (más, si se cuenta la piratería).

Ante esto, los teatreros de Sonora gritan: “¡Menos balas y más teatro!”, en una iniciativa nacional de la Compañía Teatral del Norte, dirigida por el maestro Sergio Galindo.

Su primer logro ha sido ganar la atención del Ayuntamiento de Hermosillo que ha lanzado un Programa de Seguro Popular para Artistas y Creadores. Pero apuntan a mucho más y vale la pena destacar algunos párrafos de un Manifiesto al que muchos nos hemos adherido:

 “Ocurre que nos sentimos donde estamos: en medio. A dos fuegos. Acosados. Indefensos. Entre  las balas de uno y otro  bando, aderezadas con discursos machacones que ya suenan como las primeras. Y sí, tenemos miedo. Mucho miedo. Por nosotros, por nuestros jóvenes, por nuestros niños, por los desprotegidos que somos mayoría.  Y no podemos, ni  deseamos,  ni  consideramos  responder también con balas. Preferimos nuestras armas de siempre, las que siembran en lugar de destruir: la voz, el cuerpo y la sensibilidad de nuestro arte.  Preferimos la verdad del Teatro. El Teatro es verdad. La verdad que da vida, no muerte....

 “Deseamos que se abran nuevas opciones, reales, profundas, serias  y concretas; desde la educación artística estrechamente ligada a la educación formal... hasta el fomento y el apoyo a la apertura de los existentes y de nuevos espacios, formales y alternativos,  para una intensa y sostenida programación y difusión del teatro que se hace, se quiere  y está por hacerse...”

La Compañía Teatral del Norte firma desde Sonora, pero invita: Súmate. Seguimos recibiendo tus propuestas en www.menosbalasmasteatro.com

panicoes@hotmail.com

 

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Te invitamos a que nos hagas llegar tus sugerencias a la cuenta de correo: contacto@teatroymas.com.mx