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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 16 de julio de 2010.

Montejos para el Bicentenario

Por José Ramón Enríquez

Liberal e ilustrado, Manuel José Quintana quiso resolver la memoria dolorosa del expolio a los indios americanos con un endecasílabo: “Crimen fueron del tiempo y no de España”.

No es posible hacerlo. El tiempo transcurre sin responsabilidad alguna y España es una abstracción llena de concreciones personales. Pero las personas sí son responsables de su crimen, y esa responsabilidad no se borra con un endecasílabo.

Es exactamente como hoy en España. El Juez Garzón es tan español como los fascistas que en la Guerra y en el franquismo asesinaron españoles en cunetas y los enterraron en fosas comunes. Ya Machado lo decía en su momento: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.”

No todos los que de una u otra manera formamos España (sea por nacimiento en la Península, sea por mestizaje en estas tierras, sea simplemente por el hecho de tener como nuestra la lengua de Castilla) somos encomenderos, conquistadores a sangre y fuego, violadores o asesinos. Tampoco tenemos por qué aceptar moralmente todo lo que significó la Conquista, por más sangre española que tengamos en nuestras venas, ni festejar un etnocidio que llega a nuestros días.

Hablo de esto porque se acaba de levantar una estatua a los Montejo (al Adelantado y al Mozo, les faltó el sobrino) en el Remate de un Paseo que lleva su nombre, en la hermosa ciudad de Mérida, que se llama Blanca porque nunca fue tomada por los Indios durante la Guerra de Castas (lo supe por Hernán Lara Zavala en su extraordinaria novela Península, Península).

Tal monumento (que desconoce por cierto la proporción, no digamos la áurea) ha levantado una polémica entre “antihispanistas” y “prohispanistas”. Yo desde luego soy de quienes piensan que es una afrenta levantar una estatua a los Conquistadores precisamente en el año del bicentenario de la Independencia.

Los suyos no fueron crímenes del tiempo. Contemporáneos y compatriotas suyos ya señalaban el “encuentro” como crimen y hasta como pecado. No citaré a Fray Bartolomé de las Casas, finalmente el título de su principal obra lo dice todo. Haré uso del artículo del presbítero Raúl Lugo, La estatua y los pájaros, de su blog Iglesia y sociedad (raulugo.indignacion.org.mx) para tomar una cita de Fray Alonso de la Vera Cruz:
“Yo he visto más de una vez mujeres que trabajan día y noche en tareas abrumadoras. Con violencia se las forzaba a entra en un lugar, y ahí se las encerraba con los hijos que estaban criando, como si estuvieran condenadas a prisión. A causa del trabajo excesivo las mujeres preñadas padecen abortos; las madres lactantes no pueden amamantar lo suficiente a sus hijos. Los hombres encargados de tal obra tienen ocasión para ofender a Dios. Yo hablo como uno que sabe, pues yo he visto que tan injustamente se hace todo esto. Quienes exigen tal tributo, pecan, y están obligados a restituir dondequiera que puedan.”

A quienes hoy se consideren herederos de los Montejo o de los Cortés o de los Mazariegos les corresponde la restitución de lo saqueado, no el levantamiento de ninguna estatua. Mucho menos en un año que convierte su gesto además de insulto, en franca provocación.

Y nada de lo escrito es antihispanismo. Reivindico lo mucho que de España llevo en venas y en cultura, y a españoles como Fray Bartolomé, Fray Alonso, los asesinados en las cunetas por el franquismo y cuanto hoy significa el Juez Garzón.

 

panicoes@hotmail.com

 

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