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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 17 de julio del 2009.

El Cristo de Leñero/2

Por José Ramón Enríquez

Mucho se ha escrito sobre las dificultades para trasladar exitosamente una novela al cine. Hay quienes niegan que sea posible. No estoy entre ellos aunque sí reconozco las dificultades. Sin embargo, el reto siempre me ha parecido interesante y puedo señalar un buen número de películas que logra salvar escollos y, sin traición alguna al relato original, cambia de género. Estos cruces fronterizos me entusiasman.


Ya en mi columna anterior, al referirme al Cristo de Leñero, hablaba de otro frontera borrada con éxito: el paso de Los albañiles de la narrativa al drama. Esto no ocurrió en el caso de la película dirigida por Jorge Fons en 1976. A pesar de su Oso de Oro en Berlín y de que el propio Leñero participara en la elaboración del guión, con Luis Carrión, la película desde mi punto de vista no sólo es mala sino que traiciona o, al menos, desvía de muchas formas el espíritu de la novela y de la obra teatral.

Uno de esas traiciones reviste especial interés para el tema del Cristo-Don Jesús al que me referí y que provocó varios comentarios de mis lectores. Uno de los cuales me plantea directamente su desconcierto:

“Por un lado recuerdo a este personaje (de largos discursos y de prosa épica nacionalista y familiar) sacrificado en medio de la tormenta de pasiones, intereses y delitos que giraban como un torbellino alrededor de la obra. Don Jesús despertaba odios y humillaciones tanto como mostraba flaquezas, pero finalmente fue sacrificado por efecto de intereses económicos conectados al desfalco del hijo del dueño de la empresa y no tanto cayó por efecto de sus prédicas nacionalistas y recuerdos de la revolución. De otro lado, por más que hago un esfuerzo no logro conectar la percepción de este personaje con la lectura que haces.”

Es a la película a lo que se refiere mi lector. No hay ni en la novela ni en la obra desfalco alguno del junior ingeniero al que apodaban el Nene, precisamente por débil y por inerme. Así como no existe esa retórica en Don Jesús cuya filiación es determinada como fundamental en la primera página de la novela por el narrador: “hijo de su padre que era a un tiempo padre suyo y dueño…”
No sólo se determina la filiación sino también la referencia a ser salvado de una “maldición encajada dentro, donde nada se borra ni con exorcismos ni con medicinas. Pensó que con amor. Quién sabe por qué se le metió en la cabeza la idea de creer que con el amor de Encarnación iba a recibir un favor del cielo y Dios iba a venir a salvarlo”.

Para subrayar esta visión crística que no pasa a la obra, Leñero publica en ésta un epígrafe de San Pablo: “A quien no conoció pecado, lo hizo pecado entre nosotros para que fuésemos justicia de Dios en él”.

Desde luego resulta escandalosa la identificación de Don Jesús con Jesús, así como darle una visión salvífica. Pero seguramente Leñero sintió que el escándalo no estaba en su tratamiento literario sino en la misma frase paulina, fundamental para la fe de los cristianos, y simplemente la llevó hasta las últimas consecuencias: lo hizo pecado.

Es una lástima que no se haya discutido este tema como el central y, desde luego, es una traición que no se le haya dejado llegar siquiera a la película.

Tampoco se discutió otro de los temas teológicos de Los albañiles, presente en El evangelio de Lucas Gavilán y en Jesucristo Gómez: la ignorancia que tiene el Hijo tanto de su filiación como de su misión en el mundo. Una tema que también escandaliza a muchos.
Independientemente de mi lectura del versículo paulino y de mi idea de la sapiencia o ignorancia de Jesús, me apasiona la discusión sobre ambos temas.

Me apasionan aún más los otros temas también borrados de la película: el Padre como víctima en el dolor del hombre y no como su victimario, y el que todos fueran a un tiempo responsables del asesinato de Don Jesús (Leñero simbolizaba la corresponsabilidad en la muerte de Cristo).
Desde luego hay dimensiones políticas, económicas y psicológicas en una novela y en una obra de teatro polifacéticas como Los albañiles, pero su dimensión teológica continúa siendo apasionante.

panicoes@hotmail.com

 

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