El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 31 de julio del 2009.

Orestes grita en Yucatán

Por José Ramón Enríquez

Casi al principio de Orestes o Dios no es máquina, de Miguel Angel Canto, las Erinias, ancestrales “hijas de la noche” y “habitantes de la piel del hombre”, se lanzan sobre el público para increparlo: son su conciencia.

En la reciente puesta de la Escuela Superior de Artes de Yucatán, Susan Tax (joven y excelente actriz de estas tierras) prácticamente devoró mi cabeza con las fauces de su máscara de Erinia y me gritó, con el rostro a milímetros del mío: “¿Cómo es posible que, para hablar con Dios, aleje el hombre la mirada de sí mismo y la dirija hacia voces que le hablan de su propia muerte? ¿Por qué no escucha la voz de su interior, lleno de vida? Ahí está Dios”.

Entendí que no se trataba tan sólo de la necesidad de reelaborar el mito clásico que, de una u otra forma, ha surgido en dramaturgos de todos los tiempos y todos los lugares, necesidad que, referida a quienes lo hemos hecho en nuestra patria, estudiara la doctora María Sten en Cuando Orestes muere en Veracruz. Por cierto, el uso del maya en la exigente puesta de Sebastián Liera, con la generación 2005-2009 de la ESAY, viene a responder a una de las principales inquietudes de la doctora Sten.

Entendí que la obra de Miguel Angel Canto resultaba de una dolorosa actualidad en el hoy de la vida peninsular, por cuanto la auto celebrada “nueva mayoría” priísta presentó proyectos de ley retrógrados, basados en dogmatismos religiosos que ganaron al estilo “vieja aplanadora”, con el beneplácito de la bancada panista, y apenas con el único voto en contra de una diputada del PRD.

Como en el Orestes de Canto, el Estado se guía por “designios divinos” que, a fin de cuentas son sólo caprichos de quienes se llaman a sí mismos intérpretes y custodios de verdades a las que la razón humana no tiene acceso. Un Apolo ebrio, en la obra de Canto, revela que El no es máquina, y que Pitón, su “intérprete” ha venido a engañar a los Orestes de todos los tiempos: ¡Pitón blasfema!

Porque no es unánime la postura eclesial sobre un concepto de familia único que, contra la homosexualidad, el divorcio o el preservativo, la jerarquía mexicana ha negociado a la vez con el PRI, el PAN y el sector reaccionario del PRD.

Vale recordar las palabras del antiguo Cardenal de Milán, el jesuita Carlo María Marini, quien, tras recordar que se le conoce como “el cardenal del preservativo”, asegura con dolor que “hubo tal vez demasiados pronunciamientos oficiales de la Iglesia en el ámbito del sexto mandamiento. A veces hubiera sido mejor guardar silencio”. Y se llama a sí mismo el “ante-papa, alguien que se adelanta al Santo Padre”, aunque, para evitar rupturas, “en lo tocante a la conducción de la Iglesia quisiera pedir paciencia”.

Pero, en nuestro país, ni la jerarquía, ni el PRI ni el PAN ni cierto PRD saben leer siquiera y han legislado por lo menos en 15 estados, desde presupuestos cavernarios aun para católicos y contra la esencia del Estado laico.

Por ello, tras la epifanía de Apolo, en la obra de Miguel Ángel Canto, su sentencia también cae sobre nuestros jóvenes yucatecos: las dudas de Orestes “harán su nido en la piel de todos los hombres”.

En Orestes o Dios no es máquina, Miguel Angel Canto ofrece su propio ritual de paso en una obra profética y amarga. Lo ofrece, como quien se abre las entrañas en medio de la plaza, y una nueva generación de actores, egresados de la ESAY, bajo la también joven dirección de Sebastián Liera, ha encontrado en sí misma el eco del ritual y lo ha hecho suyo.

Con una estética tan arriesgada como lo es la obra, subrayan en un mundo clownesco, el pathos de los cruces cronólogicos: de la única trilogía completa de la tragedia clásica que ha llegado a nuestras manos (paradójicamente una de las primeras del primer trágico), al dolor de un dramaturgo que con esta obra inauguró el Siglo 21. Saben y asumen que la estética agria y tierna del clown requiere de un trabajo corporal implacable, y que implacable debe ser también la sinfonía de sus emociones.
Sobre todo, en un ámbito social y político como este que vivimos.

panicoes@hotmail.com

 

Regresar a menú principal de "Pánico escénico"

Te invitamos a que nos hagas llegar tus sugerencias a la cuenta de correo: contacto@teatroymas.com.mx