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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 3 de julio del 2009.

El Cristo de Leñero/1

Por José Ramón Enríquez

En Vivir del teatro, Vicente Leñero da cuenta de la aventura que significó llevar a escena Los albañiles, la novela con que obtuviera el Premio Seix Barral de 1963. En complicidad con quien habría de convertirse en su mancuerna como director durante la primera etapa de su vida teatral, el inolvidable Ignacio Retes, Leñero no sólo consolidó su vocación dramatúrgica sino que dotó al teatro mexicano de una nueva voz que habría de ser definitoria y que llega hasta nuestros días.


Se cumplen ahora 40 años de aquella aventura que convocó a un puñado de jóvenes actores (entre los cuales tuve la fortuna de contarme) encabezados por grandes maestros de la escena. A ello he dedicado bastantes líneas en estas y otras páginas. Pero Los albañiles da siempre para más y por ello recuerdo la crónica de Leñero de aquel estreno:
“Llovía la noche del 27 de junio de 1969. No era un aguacero pero sí una lluvia pertinaz, menudita, que hizo llegar tarde a la mayoría de los invitados al Antonio Caso para el estreno de Los albañiles. Por culpa de la lluvia, de la lejanía del teatro, de su difícil acceso, de los problemas para estacionar, muchos no podían ocultar su malhumor y auguraban a la obra una mala temporada...”


Y aquí llega con toda nitidez a mi memoria la imagen del maestro Retes repitiendo entre dientes (porque entonces siempre mordía el filtro de su Del Prado) las dos frases que le escuché durante varias décadas: “No pasa nada, maestros, no pasa nada” y “¡Abusados!”


Para reflexionar sobre Los albañiles, a las cuatro décadas de su estreno, la Escuela Superior de Artes y la Universidad Autónoma de Yucatán han organizado un Seminario Interinstitucional de Investigación. Con este objeto he vuelto al texto teatral y a la novela que le dio origen, la cual conserva no sólo la vitalidad con que fue escrita por un Leñero que aún no cumplía treinta años, sino la plena vigencia en todas sus facetas.


Sigue siendo ejemplar tanto desde una perspectiva sociológica, como retrato mural del proletariado urbano, como también en la finura del trazo para la construcción de individualidades entrañables. Ejemplar sigue siendo la maestría de Leñero como escritor, pero en ningún momento deja de estar al servicio de una acción que se teje en la mejor tradición del thriller. Y, desde una perspectiva teológica, su acercamiento a la figura de Cristo conserva su plena vigencia.


Es su lectura cristológica la que quisiera subrayar en esta nota, porque se trata de algo central para el propio Leñero que deseaba “acentuar el carácter simbólico del personaje de don Jesús”, al pasar la novela al teatro, “porque hasta entonces casi ningún lector, ningún crítico habían querido ver en el velador una imagen del Jesucristo evangélico”.


Más adelante escribiría su Evangelio de Lucas Gavilán, que pasaría al escenario como Jesucristo Gómez, pero ya en Los albañiles Leñero se enfrentaba al gran tema del cristiano: el rostro carnal de Jesús el Cristo.


A la inversa del Cristo de San Juan de la Cruz, dibujado por el gran místico áureo desde la perspectiva superior del Padre, el Cristo de Leñero está visto desde la más profunda realidad terrena de un cuerpo, con sangre y con pleno latido en el tiempo y en el espacio. Es decir, desde la realidad que permite el gozo y la corrupción, en idéntico instante, de todo cuanto vive y, por vivir, se muere.


El capítulo primero de la novela es fundamental en este trazado perfecto del Cristo de Leñero. Se acerca al misterio de la Primera Persona de la Trinidad al revelar a Don Jesús como “hijo de su padre que era a un tiempo padre suyo y dueño de media Salvatierra... víctima primera de una maldición que nada lograría detener porque no bastaba con la sangre... así decía don Jesús: sed de sangre, y repetía canija sed de sangre...”
El Cristo de Leñero, al principio de los 60, era ya el Cristo de lo que se conocería como Teología de la Liberación y que sigue viva en nuestros días, a pesar de los zarpazos de Juan Pablo II y BenedictoXVI. Jesús el Cristo que anuncia a un Padre también sufriente en el dolor del hombre.

panicoes@hotmail.com

 

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