El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 19 de junio del 2009.

Más que nunca, esperpentos

Por José Ramón Enríquez

Asistir por televisión al júbilo, en las elecciones para el Parlamento Europeo, de un Rajoy impresentable y los saltitos de un franquista como Mayor Oreja en el balcón del PP español, fue presenciar un esperpento. Lo mismo que la sonrisa, llena de tics nerviosos, de Sarkozy o del gemelito regordete que reina sobre la católica Polonia. Que Europa se pinte de azul, tras una crisis en que el neocapitalismo ha demostrado su inviabilidad, es presenciar un esperpento.

Y no hablemos de México que se prepara para ir a las urnas con partidos, todos, que no sólo han perdido cualquier discurso sino cualquier sombra de vergüenza. Y que muchos, para conservar nuestra vergüenza, debamos anular un voto que tanto nos costó conquistar es también un esperpento.
Imposible fincar la esperanza en Obama, no por su triunfo magnífico, sino por la esencia del sistema norteamericano que tiene más de Fobaproa que de Keynes. Y el Oriente Medio. Y Corea. Así como el renacimiento de los populismos latinoamericanos: esperpentismo puro que apunta hacia la caricatura de Tirano Banderas.

Se carcajea don Ramón del Valle-Inclán porque se demuestra, una vez más, que siempre ha tenido razón y sólo era cuestión de que la Historia, con mayúsculas, se mirara sin embozo en los espejos del Callejón del Gato.

La esperanza está en el crecimiento, en Francia y en el Parlamento Europeo, de los ecologistas de Cohn-Bendit. Los verdes de quien fuera Danny el Rojo (no el partido mexicano del niño al que compraron tal color). Y esto también hace reír al autor maravilloso de La pipa de kif: es la esperanza “verde pneumónica”. Ya lo dijo él: “¡Verdes venenos! ¡Yerbas letales / de paraísos artificiales! / A todos vence la marihuana / que da la ciencia del Ramayana. / ¡Oh! marihuana, verde pneumónica. / Cannabis índica et babilónica. / Abres el sésamo de la alegría. / Cáñamo verde, kif de Turquía...”
Mientras arcangélicas sonrisas acompañan las burlas veras de don Ramón, queda como un hecho indudable la actualidad del esperpento en la Historia con mayúscula, en nuestras minúsculas historias y también en la escena.

En Madrid, justamente en el Teatro Valle-Inclán de Lavapiés, tuve la ocasión de ver (con Bruce Swansey que de Don Ramón sabe mucho) tres de sus esperpentos: Ligazón, La cabeza del Bautista y La rosa de papel, llevados a escena por una directora y dos directores.

La diferencia en las puestas, al cambiar los puntos de vista, las intuiciones, las tonalidades, los ritmos vitales y aun las ideologías, permitió apreciar cuanto de multifacético tiene don Ramón. De ninguna manera se agota en una mirada ni aguanta que se le constriña a ninguna determinación genérica. Es todo y lo contrario, al mismo tiempo y con idéntica intensidad en sus diversidades. La ternura, la crueldad, la compasión y la sorna implacable. Por eso la asignatura valleinclaniana continúa pendiente en el teatro de nuestra lengua.

Tiene la dureza sardónica y suicida que iba a tener Gombrowicz (en nuestras tierras Virgilio Piñera), así como el lirismo que a él muy especialmente heredara su maestro Rubén Darío. Por eso en los tres esperpentos montados en Madrid las claves son triples y las tonalidades permiten la sinfonía a seis brazos y más de veinte voces actorales.

La cabeza del Bautista
es la obra que más nos llega a los mexicanos porque habla de México y la profusión de “pendejos” es casi un motivo musical. La rosa de papel se le marchita en las manos al director, por exceso, por dudar del esperpento. Y la joya de la corona es Ligazón que logra el auto sacramental satánico con maestría. Ana Zamora, su directora, llega al tuétano de Valle cuando explica:

“Tengo la sensación de que no sólo en su día no se entendió a Valle, sino que hoy seguimos sin entender nada... Liquidamos con cuatro palabras el análisis de los seres que aparecen en sus funciones: marionetas, fantoches, sombras... Valle-Inclán no sólo está desarrollando una nueva estética teatral.., está estrujando la realidad.., para desplegar ante nosotros sus despojos y obligarnos a leer entre las sombras.”

panicoes@hotmail.com

 

Regresar a menú principal de "Pánico escénico"

Te invitamos a que nos hagas llegar tus sugerencias a la cuenta de correo: contacto@teatroymas.com.mx