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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 5 de junio del 2009.

Yerba americana

Por José Ramón Enríquez

Lo que más llamó mi atención fue el humor que rezuma 1767, de Pablo Soler Frost, y que ha sido llamado relato apologético. Lo leí por las tierras que recorrió el Padre Kino y de las cuales parte al exilio el que es para mí protagonista principal de 1767. Coincidí plenamente con el discurso de la novela y me quedé con la pregunta planteada: ¿qué hubiera pasado de no haberse producido la expulsión de los jesuitas de México, precisamente en el año que la da título?


Hay, en ese tiempo, un nudo de tesis y antítesis que aún no ha sido sintetizado. Está la maravilla de un mundo que se iba frente a la necesidad de otro que llegaba. Un ethos barroco para ser recuperado y una Ilustración para empezar apenas a cruzar. Hay muchas otras cuestiones. Pero con todo y lo que su tema toca en mí, lo que más llamó mi atención al leer 1767 fue la sorna en esa voz del narrador que aparecía por momentos y se quitaba la máscara para hacer guiños y burlarse de sí mismo, por lo tanto de mí, su lector cómplice.
Esa marrullería y ese sarcasmo lo encontré también en Yerba americana. Sin embargo, la razón por la que traigo a un espacio periodístico, que trata sobre todo de teatro, una novela que partió de ser un película, es porque la he encontrado en una zona de frontera entre géneros que cada vez me resulta más apasionante.


La división entre la lírica y la dramática nunca ha existido en realidad. Los poetas líricos, tradicionalmente, han pasado a la creación dramática sin siquiera pedir permiso ni llamar la atención. Más difícil ha sido el paso de los narradores al teatro, pero ha sido dado múltiples veces y con éxito. El cruce de las fronteras entre géneros ha existido siempre y aun la pureza de un género ha sido históricamente cuestionada, por más que nuestra actual necesidad de especializar a todo el mundo nos lleve exigir distintos compartimentos para el análisis.


Hoy cada vez más aparecen en el teatro obras que se autodefinen como “narraturgias” para la ira de algunos críticos y comentaristas, algunos de los cuales lo han tomado como un insulto personal. Y la narraturgia no es más que la ruptura de las fronteras entre épica y dramática. Etimológicamente recuerda lo que significa el brechtiano “teatro épico” y aun en el fondo está bastante cercano a él.


Por eso me interesa de modo especial Yerba americana, una novela confesa de romper las fronteras entre cine y narrativa, que además me resulta profundamente teatral. Desde luego, teatral desde la perspectiva de la nueva narraturgia. Se antoja llevarla a escena, con todos los retos que supondría convertir las exigencias presupuestales del lenguaje cinematográfico en la capacidad teatral para crear imágenes en el espectador.


No he visto la película pero sí curioseado su tráiler en la Red. No ofrece elementos excepto para decir que el cásting me decepcionó, aunque ello sea desde luego una injusticia, porque una película nunca puede ofrecer las imágenes que crea una novela en la mente del lector. Pasa exactamente lo mismo en la escena.


Leí, también en la Red, varias críticas al film, a cual más demoledoras. Tampoco tengo elementos de juicio, pero sí quisiera señalar mi extrañeza de que, en sus largas listas de acusaciones de plagio o semejanzas, ninguna crítica mencione Zabriskie point, que fue para mí la pista principal desde la primera mención de Antonioni en la novela. Una pista que se me fue aclarando hasta prever la muerte del protagonista que ha molestado a más de un comentarista, y dar a en mi imaginación a Andrés el rostro maravilloso de Mark Frechette, cuya muerte fue también inesperada, dolorosa, inexplicable.


Desde luego, mi fervor hacia Mark Frechette, como Andrés, permite suponer que el rostro del Pato en mi mente era el mío propio en esas edades de alcoholismo, fe y desgarros amorosos en imaginarios californianos.
Pero más allá de lo personal, vuelvo a la transgresión de las fronteras que propone y realiza Yerba americana. Y cada vez aplaudo con mayor entusiasmo el mestizaje entre géneros y tonos, así sea con yerba de un lado u otro de la frontera.

panicoes@hotmail.com

 

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