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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 27 de marzo del 2009.

El magisterio vigente de José Luis Ibáñez

Por José Ramón Enríquez

Ha sido demasiado larga la crisis. Tediosa, muy dolorosa porque se ceba sobre todo en los más débiles, y aun antiestética productora de neologismos de ciencia ficción como "sistémica" o "activos tóxicos". Una generación entera nació en crisis y sólo ha conocido crisis dentro de las crisis.

Sin embargo, y paradójicamente, se ha olvidado el auténtico pensamiento crítico. Hirsutos todos, trepidantes, sólo oímos insultos desentonados donde debería de existir el debate y caricaturas apocalípticas donde debería reinar el análisis inteligente. ¿Síntomas de una estampida final? Espero que no, todavía.

Inclusive la bienvenida novedad de blogs, webs o comentarios en línea, se llena de insultos y de estulticia guarecida bajo las máscaras del anonimato. En alguna nota comenté hace años que, si bien con pasamontañas todos nos solidarizábamos con los zapatistas, también con ellos se cubrían impunidades de vándalos y delincuentes que acaban por calumniar luchas válidas.

La pérdida de la memoria colectiva entre las griterías y el desprecio por la propia historia en los fáciles esquematismos, agudizan los problemas, mientras que son su antídoto el conocimiento, la revalorización de las experiencias válidas y el análisis crítico.

Pensando en ello he dedicado algunas columnas al recuerdo de nuestros maestros, sobre todo del espacio escénico en que me muevo con pánico o sin él. Y por ello he aplaudido la serie de textos que El Milagro y Conaculta han dedicado para recuperar praxis y pensamientos de nuestros maestros. Toca el turno a Memorias de José Luis Ibáñez, recopiladas y redactadas por Antonio Crestani a partir de sus conversaciones con el maestro.

En un tono que se aleja por completo de la crispación o del dogmatismo, José Luis Ibáñez ofrece su ya larga experiencia como director, maestro de actores y estudioso de diversos aspectos del teatro. Habla de pasiones que se antojarían inconciliables, tanto por el "musical" a lo Broadway cuanto por nuestros Siglos de Oro. Apasionado de ambos mundos, no confunde nunca el espacio del testimonio y de la charla con el amargo ring de lucha libre que parece invadirlo todo.

Varias veces subraya que habla de sí mismo y de sus procesos, pero no para imponerlos como método a nadie ni para utilizarlos para vengar rencor alguno. Inclusive, en un ejercicio verdaderamente ejemplar, rinde tributo a varios de sus compañeros de generación y agradece tanto impulsos como enseñanzas. La forma como habla, no digamos de Paz y de Soriano que no estaban en su mismo ámbito de competencia, sino de Héctor Mendoza y de Juan José Gurrola, resulta entrañable.

Charla sobre visiones distintas de la escena, que han querido ser calificadas como opuestas a la suya por los críticos, a las que él homenajea desde la entraña. Una enorme cantidad de personajes de la cultura nacional pasa por las páginas del libro, de Fuentes a Monsiváis, de Julissa a Enrique Álvarez Félix, de Silvia Pinal a Ofelia Guilmáin.

Discípulo que se ha vuelto su amigo, por ese arte de la conversación que tanto hemos perdido, Antonio Crestani lo escucha, le aprende y lo sintetiza. Es uno de los grandes aciertos de libros como este del sello El Milagro y Conaculta: permite escuchar a los personajes de nuestra escena gracias a la forma en que los han escuchado sus discípulos. Rodolfo Obregón a Ludwik Margules y Antonio Crestani a José Luis Ibáñez.

Aunque Ibáñez insiste en que estamos pasando por un momento en el teatro en que no tiene cabida, su magisterio es hoy especialmente importante. Él supo en su momento unir la taquilla con la calidad con las grandes superproducciones de Silvia Pinal, pero había sabido hacer teatro de búsqueda con figuras como Rita Macedo y Ofelia Guilmáin en Las criadas de Genet, o Julissa en La gatomaquia de Lope. Inclusive tuvo el valor de proclamar verdades peligrosas con Culpables (Bent) de Sherman, con Enrique Álvarez Félix, durante una cacería homofóbica en Televisa.
Hoy más que nunca estos inteligentes mestizajes son precisos y por ellos el magisterio de José Luis Ibáñez es plenamente actual.

 

panicoes@hotmail.com

 

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