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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 22 de mayo del 2009.

70 años del arribo del <<Sinaia>>

Por José Ramón Enríquez

El 26 de mayo de 1939, hace 70 años, al dejar en el horizonte “los últimos trozos de tierras españolas”, don Antonio Zozaya, sabio abogado entonces octogenario, leía unas cuartillas que así iniciaba:


“Mirad a lo lejos aquella quebrada línea oscura que se alza sobre el mar. Al contemplarla desde la cubierta del buque que nos lleva a otras tierras hospitalarias, al luminoso México que generosamente nos dispensa un acogimiento fraternal... Es la Patria amada que se aleja...”


Y continuaba y concluía:


“¡Cuántos de nosotros volveremos a pisar su suelo sagrado..! ¿Cuántos podrán encontrarla redenta, emancipada, gozando de las venturas de una verdadera democracia... Adiós, Patria que te alejas...”


Leía desde la cubierta del vapor «Sinaia» que transportaba a México la primera expedición de refugiados españoles, tras la derrota de la República, y sus cuartillas eran recogidas por un Diario de a bordo, en mimeógrafo, a cargo principalmente de Juan Rejano y Manuel Andújar. En la edición facsimilar de ese Diario tuve que ver hace 20 años, porque encontré la colección completa entre los papeles de Don Isidoro, mi padre. Se publicó entonces por la UNAM y La Oca, una pequeña y efímera empresa editorial independiente. Lo abrían textos de Adolfo Sánchez Vázquez, quien hiciera en el «Sinaia» su travesía hacia México, y de Fernando Serrano Migallón, hijo del exilio y quien nunca ha dejado de recoger orgullosamente su historia. Actualmente, la edición facsimilar ha sido reeditada por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de Alcalá.


En el número 3 del Diario, Benjamín Jarnés escribe Contra la Nostalgia, palabras que resumen el espíritu de los españoles refugiados en México (entre 20 y 30 mil): “No somos un lastre. Por eso no debemos reclinar la cabeza sobre el cojín de los recuerdos sino alzarla gallardamente para salir al encuentro del pueblo fraternal que nos aguarda”.


En ese mismo número del 28 de mayo, se entrevista al Capitán del barco, quien afirma: “Creía encontrar gentes tristes, abatidas por el infortunio, y veo caras sonrientes, seres dispuestos a labrar su nueva vida. En Marsella, antes de salir, algunos los pintaban como ladrones, asesinos, etc. Compruebo que, por el contrario, todo el mundo se muestra perfectamente normal.”


Y gente común y corriente eran en verdad los refugiados. Ni siquiera había una mayoría de intelectuales. Muchos eran campesinos, como los que vieron su tierra andaluza por última vez (convertidos por la guerra, uno en capitán, y el otro, en soldado raso) y cuya conversación recoge el Diario:

“--Ahí, a menos de 25 kilómetros está mi casa. Ahí quedan mi madre y mi hermana. Y la huerta.
“--Mi casa la pasamos ayer –dice el soldado raso--. ¿Tú sabes cómo es la tierra de México?
“--Un azadón es lo que yo necesito –dice el que fue capitán--. A mí que me den un azadón y tierra por delante. Lo demás queda de mi cuenta.”


Han pasado 70 años y mucho sembraron y mucho cosecharon esos hombres. Sus hijos ya somos viejos y los hijos de sus hijos, a su vez, ya tienen hijos, y todos somos mexicanos. Pero ninguno ha olvidado esa guerra, nuestra guerra, ni esa derrota, también nuestra; ni ese exilio, nuestra victoria.
El 12 de junio de 1939, llegaron y desembarcaron en Veracruz. Cierra el Diario un poema de Pedro Garfias, Entre España y México. Adolfo Sánchez Vázquez, muy joven entonces, viajó como compañero de camarote de Juan Rejano y de Garfias:

“Recuerdo inolvidable es el de aquella mañana.., en la que Pedro Garfias, lejos de pegarse acongojado a la ventanilla como siempre, saltó torpemente de su litera y empezó a recitarnos a Rejano y a mí con su voz ronca y pausada el poema que había concebido y gestado durante toda la noche. Era el famoso poema que todos conocéis y en el que su lenguaje poético une o encuentra a España y México, invirtiendo los papeles históricos de conquistador y conquistado..:
“Como en otro tiempo por la mar salada / te va un río español de sangre roja, / de generosa sangre desbordada. / Pero eres tú, esta vez, quien nos conquistas/ y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!”

panicoes@hotmail.com

 

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