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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 6 de noviembre del 2009.

La gesticulación como destino

Por José Ramón Enríquez

A 30 años de la muerte de Rodolfo Usigli y 62 del estreno de El gesticulador, revisar ambos es adentrarse en lo más profundo del ser nacional.

Estamos tan lejos de la Revolución dentro de la cual nació Usigli que ya preparamos los festejos de su Centenario. Y, aunque estamos ya a siete años de la “salida” del PRI, aún podemos afirmar que la gesticulación somos todos: priístas fieles a su partido, priístas tránsfugas y disfrazados del logo que se diseñó para las izquierdas o aun del blanquiazul escudo que algún día se quiso demócratacristiano, “congelados” a la manera de Bukowski, amnésicos de toda la vida y hasta esas víctimas que aunque sea en una ráfaga de instante devienen victimarios.

En Del fraude al milagro. Visión de la historia en Usigli (UAM, 2009), afirma Bruce Swansey:

El gesticulador –he aquí la causa por la cual sigue ejerciendo su fascinación-- impone al espectador una disciplina tanto estética como ética en la medida en que no puede ver desfilar la agonía de César Rubio de manera impune. En cierta forma, el drama que vive César Rubio es el del espectador, atrapado también en una maraña de signos falaces cuya lectura resulta estratégica para su sobrevivencia. A fuerza de simular, Rubio transforma su naturaleza.”

Sólo en “cierta forma” porque sólo él pudo hacerse pasar verosímilmente por un héroe trágico, pero todos soñamos con que llegue el momento en que la simulación nos haga ricos. Ricos y poderosos y admirados y merecedores de tanta cortesanía como nosotros hemos ejercido.

Arrinconada aquella enseñanza evangélica de que “la verdad nos hará libres” aspiramos humildemente a que la gesticulación nos haga padres de la patria.

Pero es muy complejo el laberinto en que estamos metidos para conseguir tales laureles. Octavio Paz lo llamó El laberinto de la soledad, Roger Bartra nos ve dando vueltas como ajolotes en nuestra Jaula de la melancolía, Jorge Portilla atinó en el centro de nosotros todos al vernos desde una Fenomenología del relajo. Y también son muy complejos el laberinto, la jaula y la fenomenología del propio personaje que fue Rodolfo Usigli. Para entenderlo a mayor profundidad era necesario un libro como el de Swansey, mexicano pero con suficientes años lejos del hogar como para ajustar su lente sin las deformaciones de la inmediatez.

Bruce Swansey ve el bosque en toda su amplitud pero también conoce los árboles porque son entrañablemente suyos. Además, es un investigador acucioso y un escritor brillante. Para las nuevas generaciones que no lo han tenido en el aula ni leído sus artículos semanales, vale la pena transcribir la solapa con la cual los editores (Álvaro Ruiz Abreu es Director de Publicaciones de la UAM) lo presentan en Del fraude al milagro:

 “Fundamentalmente escribidor, Bruce Swansey se ha desempeñado como viajero, docente, crítico de teatro y literatura, cronista de lo que se percibe mediante la mirada lateral, narrador y, pro expresas rupturas vitales, algo poeta. Fue profesor de la UAM-Xochimilco en la carrera de Comunicación social y tuvo durante años una columna de crítica en Proceso. También ha publicado en la Revista de la Universidad de México. Actualmente es profesor de la Dublin City University en el área de estudios literarios e interculturales.”  

Tras entrar por la muy sugestivo puerta de la claustrofobia de Ensayo de un crimen, desde la cual analiza la cuestión familiar y la construcción de la personalidad del joven Rodolfo Usigli, Swansey se acerca a sus “comedias impolíticas”. Va comparando estos primeros escarceos dramáticos del autor con sus posteriores textos teóricos. Y, para completar su Visión de la historia en Usigli, como reza el subtítulo de su libro, Swansey se acerca analíticamente a las tres “Coronas”.

Pero concluye:
“Queda, pues, en el centro de su obra El gesticulador, principio y fin de todos sus textos, síntesis de lo mejor, de lo más fidedigno que supo dar al público y al país precisamente porque ahí expresó lo que él creía que era la verdad, asumiendo un auténtico riesgo existencial.”

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panicoes@hotmail.com

 

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