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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 8 de octubre de 2010.

Debatir en México

Por José Ramón Enríquez

Desde Mérida, y sin entusiasmo dada la lejanía, vi por televisión algo del fasto de la Independencia. No tengo, pues, una opinión propia sobre los carros alegóricos y el posterior espectáculo en el Zócalo. Sólo conozco las opiniones de quienes ya se sabía con mucha anterioridad que los iban a calificar de espanto e insulto a la nación, aunque no lo fueran; y las de quienes los iban a calificar de sublimes o algo nunca visto, aunque tampoco lo fueran. México se ha vuelto tan predecible en sus opiniones que aburre al más paciente.

No creo que todo haya sido un horror porque conozco a muchos de los profesionales que participaron y son de primer nivel en sus respectivos ámbitos, directores de escena, actores o escenógrafos.

Tampoco creo que todo haya sido extraordinario, como decía la televisión, simplemente porque vi la elevación de esa muestra de dispendio y absurdo que fue el Coloso. Digan lo que digan me pareció la elevación de Stalin, y tal vez un guiño hacia las cavernas que se ostentan como izquierda, por parte de un gobierno que prometió rebasar por ese lado y no ha sabido caminar correctamente por ninguno. Después de todo, no sería la primera vez que Stalin tomara el Zócalo.

Sin Coloso y sus equivalentes, desde luego, pero la fiesta fue necesaria. Somos un pueblo que hace de las fiestas un centro vital y permanecemos a una humanidad que en la fiesta ha expresado, durante milenios, lo mejor y lo peor de sí misma.

Sin embargo, además de fiestas, este país necesita reflexionar sobre sí mismo. Y como somos un país múltiple que, desde el fin de la Guerra de Reforma, ha venido recitando un credo anticentralista mientras ha ejercido un despotismo antifederalista, aquí en Yucatán, lo único que a me ha interesado realmente de lo preparado para estos fastos ha sido el programa televisivo “Discutamos México”.

La sola idea de propiciar la discusión en un país que acata o vocifera, siempre acrítica y siempre intermitentemente, pero que no acostumbrar reflexionar sobre sí mismo, es ya una gran fiesta para la inteligencia, sobre todo para la inteligencia cotidiana entre nosotros mismos. Estoy cierto de que propiciarla es lo mejor para celebrar dos fechas mayores del calendario patrio.

 “Discutamos México” ha sido para mí un seminario sobre los mundos que somos. Desde el México prehispánico y su visión del cielo hasta la Astronomía Nacional que es el programa que acabo de ver antes de sentarme a compartir estas notas. Y da para más. Muy probablemente para retornar sobre lo discutido y ampliar conceptos o cambiar de puntos de vista, siempre en el esquema de libertad de expresión y de pluralidad en los invitados.

Las izquierdas de los años 70, que muchos aprendimos del 68 nacional y del internacional, tratamos sobre todo de debatir y creo que ese debate, sobre las propias izquierdas y sobre el país en sí mismo, cambió en mucho la fosilización a lo priísta que, hoy, parece dispuesta a impedir espacios que, más que nunca y ante el fracaso claro de la derecha en los gobiernos del mundo, deberían ser amplios y propositivos.

Aquellos que conocimos la fosilización y los maximalismos en el pensamiento sabemos bien que permiten manipular, comprar caciques e, inclusive, lanzarse a guerras que, sin prohibiciones moralistas no se hubieran comenzado. Si no debatimos con un mínimo de inteligencia, volveremos a vociferar y acatar, mientras el Coloso se reconstruye en el Zócalo, sin importar su color partidario.

panicoes@hotmail.com

 

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