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Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 25 de septiembre del 2009.

Virgilio Piñera, el fundador

Por José Ramón Enríquez

Esta nota lleva, por lo menos, un año de retraso. En 2008 debí conmemorar las seis décadas del estreno de Electra Garrigó, de Virgilio Piñera, que, en palabras del editor, investigador y difusor de la cultura de su país Ernesto Fundora “abre el teatro cubano a la modernidad”. Una obra que se adelanta en mucho a cualquier modernidad en nuestro teatro mexicano.

Sin embargo, no me ha sido fácil obtener completo ese texto fundacional, del cual apenas había conocido fragmentos que me pronosticaban su extraordinaria brillantez. Hasta donde sé, nunca se ha montado en México. De Piñera creo que sólo han subido a escenarios mexicanos una versión cubana de Aire frío; el montaje en 1972 de Dos viejos pánicos por un muy joven Gonzalo Celorio que iniciaba una vocación teatral finalmente superada por su brillantez como narrador y ensayista; y, muchos años después, en los 90, El No, montada por un director cubano en la UNAM.

Ya los Cuentos completos de Piñera han sido editados por Alfaguara y su novela La carne de René está en el catálogo de Tusquets, editorial que también tiene la cuidadosa edición de su poesía por Antón Arrufat y con el título de otro texto suyo también  fundacional, La Isla en peso. Inclusive para estudiosos y especialistas la Editorial Cátedra editó sus Cuentos fríos, que uno lee y relee sin dejar de sorprenderse.

El corpus poético y narrativo, pues, ya se ha venido recuperando y demuestra por qué Borges admiró tanto a Piñera, como antes lo hizo Juan Ramón Jiménez. Se entiende también cómo su relación con Witold Gombrowicz, en Argentina, afectó la narrativa tanto de uno como del otro. Ya Piñera ha dejado de ser ese autor marginal, uno de cuyos libros el Che Guevara (que de literatura sabía poco y de homofobia mucho) tirara despectivamente al bote de la basura frente a sorprendidos escritores que visitaban La Habana, entre ellos Juan Goytisolo quien lo narra.

De la misma generación que Lezama Lima y miembro también de la legendaria revista Orígenes, estuvo sin embargo más cercano al Ferdydurke de Gombrowicz que a La sierpe de Don Luis de Góngora. En mucho le llevó la contraria tanto al enorme patriarca que fuera Lezama, cuanto a su entorno, porque, como afirma Arrufat, a Piñera se le entiende “en la apreciación del cuerpo humano por encima del alma, de la realidad sin ornamentos y de la búsqueda del momento vital anterior a las valoraciones éticas, religiosas o filosóficas”.

El hecho de que ya podamos conocer ampliamente su narrativa y su poesía resulta magnífico pero paradójico porque Piuñera se consideraba sobre todo un dramaturgo y su obra teatral apenas está siendo reunida para su edición en Cuba por Ernesto Fundora, gracias a quien, por fin, he podido acceder a Electra Garrigó.

Cito a Fundora: Electra Garrigó “se escribió en 1941, y su estreno el 23 de octubre de 1948 en La Habana protagonizó nuestra batalla del Hernani. Reverenciada por unos, calificada como ‘un escupitajo al olimpo’ por otros, lo cierto es que con ella el teatro cubano se desprendió finalmente del lastre de la dramaturgia de principios de siglo, heredera de lo peor de la tradición neoclásica del XIX cubano, y dio el salto admirable hacia la modernidad”.

Los griegos se vuelven tropicales y, por lo tanto, la tragedia rezuma sexualidad y humor hasta en la frutabomba que habrá de convertirse en arma para el imperdonable matricidio. Pero también la insularidad está presente con las columnas que apresan e impiden el viaje más allá de los mares.

Toda Electra Garrigó es crítica de la familia criolla y comprobación de los egoísmos y los engaños vestidos de punta en blanco. Pero de nada sirve a Clitemnestra Pla cuidarse el cuello, si la suerte está echada y algún día la isla habrá de abrirse para que Orestes vuele.

Sí, abrirse. La metáfora parece contemporánea, aunque tiene más de sesenta años de escrita. Y magníficamente bien escrita, en su humor, su manejo del tiempo y las imágenes plásticas propuestas, y en esos tonos no sólo fundacionales sino también proféticos que trascienden a su autor y nos conmueven.

panicoes@hotmail.com

 

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